Historia de la ciudad de Lima

Historia de la ciudad de Lima

Aunque la fundación española de Lima como Ciudad de los Reyes se produjo en 1535, y se tiene como fecha de su aniversario, el territorio que ocupa la ciudad había sido habitado por distintas civilizaciones muchos siglos antes de la llegada de la conquista ibérica. 

Los primeros pobladores de la zona fueron miembros de las culturas Maranga y Lima. Los asentamientos se ubicaron en los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín, ubicados en lo que hoy ocupa la zona norte, central y sur de la gran conurbación metropolitana. 

Pachacamac, la huella más antigua

El vestigio más antiguo del poblamiento del territorio de Lima es el Santuario de Pachacamac. Ubicado al sur, sobre el valle del río Lurín, tiene cerca de 3.000 años de antigüedad y era de capital importancia para las culturas que lo utilizaron. Cuando los españoles llegaron, era un santuario medular de los incas. 

Pizarro, la impronta española

Francisco Pizarro trazó la primera cuadrícula de la ciudad a orillas del río Rímac, y estableció la plaza de Armas, a la usanza de las ciudades españolas y como establecía la corona. A partir de ese punto la ciudad fue creciendo con el paso del tiempo, con una renovada importancia para el Reino de España. 

A través del puerto de Callao salía buena parte del producto de las minas de oro y plata, por lo que Lima fue nombrada capital del Virreinato del Perú, fundado en 1542 luego del sometimiento total de los incas. Desde entonces, ha sobrevivido a varios terremotos, la guerra de Independencia y la guerra con Chile y la actividad terrorista en la época republicana. 

Capital del Virreinato del Perú

Durante los casi tres siglos que duró el virreinato, Lima fue una de las ciudades más grandes y avanzadas de América. Cuarenta virreyes ostentaron autoridad desde la ciudad, enfrentaron los levantamientos de la emancipación y dejaron un trazado urbano medianamente constituido. La Catedral Metropolitana es un testigo vivencial de las transformaciones de la capital, de las que ella no estuvo exenta. 

Comienzos de la era republicana y la incómoda invasión chilena

Centro de una extensa red comercial que la integraba con Europa, América y Asia Oriental, descubierta la navegación por el océano, Lima ha sorteado numerosos terremotos a lo largo de su historia. Perdió sus murallas en 1868, y fue ocupada por el Ejército de Chile durante la guerra del Pacífico. A partir de los primeros años del siglo XX fue objeto de una extensa remodelación urbana. 

Se tendieron grandes avenidas: Colonial y Venezuela hacia Callao, Paseo de la República hacia el sur, Arequipa hacia Miraflores, Salaverry y Brasil hacia el este. En torno a ellas se fue tejiendo una madeja de residencias y comercios que se fue aumentando con la llegada de numerosos emigrantes de las zonas interiores del Perú. 

El aporte de los nuevos extranjeros

Las colonias extranjeras también han dejado su impronta en el crecimiento de la ciudad. Algunos de los ejemplos que se conservan son los regalos que recibió Lima en el centenario de la independencia, por parte de los habitantes extranjeros. La colonia japonesa donó el monumento a Manco Cápac, la española, un arco morisco al inicio de la avenida Arequipa. 

La multiplicación poblacional de Lima

A principios de los años setenta del siglo XX, se multiplicó la población de la ciudad. Desplazados internos del Perú, buscando mejores oportunidades de vida, fueron poblando las áreas marginales de la ciudad, creando los llamados conos: norte y sur. San Juan de Lurigancho, un distrito del noroeste, supera el millón de personas en población, la mayoría residente de zonas populares que se han consolidado precariamente con el paso de los años.

Al extenderse, Lima absorbió los núcleos que anteriormente eran pueblos cercanos: Miraflores, Magdalena, Barranco, Surco, Callao. 

La segunda explosión poblacional de Lima ocurrió en la siguiente década. Los años ochenta en el Perú están marcados por el recrudecimiento de organizaciones comunistas que utilizaban el terrorismo como lucha contra el Estado. Desplazados de la sierra, las zonas altas de Cusco, Ayacucho y Junín, siguieron bajando a Lima en busca de seguridad. 

Los últimos treinta años: ritmo contemporáneo

En los noventa, el terrorismo llegó a la capital. Son tristemente célebres el atentado dinamitero de la calle Tarata, en Miraflores, donde hay un monumento en recuerdo de las víctimas; así como el secuestro de la residencia del embajador de Japón en San Isidro. Desmanteladas las estructuras de las organizaciones y adecentada la política fiscal, Lima se abrió al crecimiento. 

Muchos de estos cinturones de miseria continúan en crecimiento, sobre todo en el sur, oeste y norte de la capital. Sin embargo, la reciente bonanza económica del Perú, por el alto precio de los productos mineros, ha incidido en la construcción de conjuntos residenciales de interés popular. 

Hoy Lima es una metrópoli de gigantescas dimensiones, que conserva las huellas coloniales en el centro histórico, la confluencia con la modernidad en Miraflores, La Victoria y Lince; la bohemia en Barranco; y la contemporaneidad en las torres de acero y vidrio de San Isidro y Surco. Ciudad de altos contrastes, hospitalaria capital, centro de eventos multitudinarios, Lima espera al turista con los brazos abiertos.


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